Autor: tuenweb

  • Registro marcas y patentes,Cap.2, p.4

    Registro marcas y patentes,Cap.2, p.4

    Registro marcas y patentes: ¿estás seguro que no te han copiado?

    Registro marcas y patentes . Era miércoles y un martillo hidráulico se había adelantado al despertador haciéndome despertar con un humor de perros. Apagué el despertador antes de que cumpliese su cometido, me duché, me vestí y odié a Carla por no haber sido despertada por tan vil sonido. Las preguntas estaban esperando en la mesa de mi despacho, las repasé y repasé también la charla que había tenido con Pizcueta. Todo era poco para preparar aquel tema que de alguna forma me pareció extraño desde el principio. Algo me decía que iba a ser complicado.

    A las once en punto volví a encontrarme al señor disfrazado de general que me recibió con su falsa sonrisa y sus gestos exagerados. “¿Qué? a ver a don Álvaro… no le contesté y subí por las escaleras para no tener que esperar el ascensor. Me abrió la puerta una de las modelos de “Pret a Porter” del bufete, que me aparcó en la sala de espera con una ceja levantada a la que respondí levantando las dos. Pizcueta salió a recibirme, y por la cara de la modelo, supuse que había sido amonestada por no hacerme pasar a su despacho directamente, lo que me gustó.

    Quemamos la media hora que esperamos a Maluenda en charlar de cosas vanas. La misma modelo hizo pasar a Maluenda al despacho, ésta vez con la mirada gacha y el rabo entre las piernas. Cuando pensé esto último, una sonrisa escapó por un descuido de mis labios.

    De repente reparé en Maluenda. Leonardo Maluenda, así me lo presentó Pizcueta, era un hombre que se mantenía estoicamente en una edad indeterminada entre los cincuenta y los setenta años, y no hubiese sido capaz de concretar en qué tramo de esas décadas. Vestía un traje negro y una camisa azul sobre la que descansaba la corbata de cuidado nudo, a rayas y sin llamar la atención. Todo en el parecía cuidar de no llamar la atención, salvo una mirada profunda que parecía escrutar todo aquello en lo que se posaba. Ésta vez era yo el objeto escrutado y salí de mis pensamientos en el justo momento en que Pizcueta nos presentaba.

    Maluenda alargó su mano para estrechar la mía, y sin apenas darme tiempo de decir nada comenzó a disculparse. Había tenido que viajar a Munich, a la oficina europea de patentes y marcas, la OEMP. Él y su gabinete jurídico se habían desplazado con la mayor celeridad dado el plazo de que disponían para presentar un recurso ante semejante órgano. Entregarlo en la oficina española o mediante alguno de los métodos ofimáticos hubiera supuesto perder un tiempo del que no disponían.Registro marcas y patentes.

    Aún no había terminado su explicación y yo ya me encontraba perdida en aquella vorágine verbal. La posibilidad de que aquel hombre pensara al mismo ritmo que hablaba, me produjo un escalofrío, entonces lo oí continuar.

    La última batalla que estaba librando se denominaba M.A.D. Meta-aspartamo-dopamina, un fuerte analgésico de nueva factura y síntesis revolucionaria, que eliminaba cualquier posibilidad de que el organismo crease adicción alguna. El recurso, según logré comprender, se basaba en las fechas de los análisis clínicos realizados en cobayas. Éstos, desdecían la declaración de los laboratorios que habían presentado quince días antes una patente con sospechosas similitudes en las virtudes de su fármaco.Registro marcas y patentes.

    Maluenda pareció darse cuenta de algo en mi gesto y, de inmediato, derivó el rumbo de su oratoria. “Disculpe, debía darle una explicación de porqué no me reuní con usted personalmente en la entrevista que tuvo con Álvaro…”. La muestra de cercanía que tuvo con el abogado me sorprendió. “…y ahora, si le parece, responderé a sus preguntas”.

    Tras reconocerle las excusas y hacerlas innecesarias pasé a preparar la batería de preguntas que tenía preparada, sin embargo solo pude articular las que quisieron acudir a mi cabeza.

    Los enemigos eran todos tan previsibles como lo contrario. Los empleados descontentos podían surgir en cualquier momento, ya que la sociedad tenía algo más de doscientos empleados en nómina y otros cien externos, autónomos o por cuenta ajena. A juicio de Maluenda, la “industria” (refiriéndose a la farmacéutica) mueve demasiado dinero como para que nadie caiga, de vez en cuando, en la tentación.Registro marcas y patentes.

    Antes de preguntarle por qué sospechaba de su yerno, di un paso adelante y le pregunté cómo calificaría el matrimonio de su hija. Un silencio siguió a mis palabras y me hizo dudar de si había sido demasiado directa, pero Maluenda se aclaró la garganta y clavó sus ojos verdes en mí para desviar la mirada después. El dolor de aquel a quien traiciona un hijo se dibujó en su rostro. No sabría decir porqué, pero así me lo pareció, sólo entonces comprendí que Jacinto era para Maluenda como un hijo. Atajé la conversación lo máximo que pude, y propuse alguna pregunta más como quien pone gasas sobre una herida.

    Justo cuando la entrevista se acercaba a su fin, brotó de mis labios la pregunta que creí haber esquivado y la solté a quemarropa. El motivo de sospechar de su yerno, no era otro que la necesidad de no dudar de su propia hija, ya que sólo él y su hija Cristina conocían los detalles de los ensayos clínicos. Sospeché que estábamos llegando a un punto de no retorno en aquella conversación y decidí ponerle punto final. Ultimé algunos detalles de la investigación, mientras le extendía un ejemplar de contrato para que lo firmara por duplicado. A Pizcueta le faltó tiempo para ojear el contenido del folio, demostrando lo propio de su gremio, reparó en mi mirada y se recostó de nuevo en su sillón. Me despedí de ambos de forma sincera y cortes y me apresuré a salir para comprobar mi móvil. Aunque se encontraba en modo reunión, no había dejado de vibrar desde la llegada de Maluenda al despacho.

    Tres llamadas de Fabienne y un mensaje explicaban tanto tráfico vibrante. Mi amiga había localizado a alguien que respondía a los pocos datos que le pude facilitar. Le devolví la llamada de camino al despacho, tomé nota mental de los datos, pero le pedí que me enviase los datos en un mensaje. Fabienne me respondió con una pregunta, tenía razón, no había leído el mensaje en el que me los enviaba.

  • Estafa al seguro en Valencia

    Estafa al seguro en Valencia

    Estafa al seguro en Valencia

    Estafa al seguro en Valencia: las excusas por defraudar al seguro del coche siguen instaladas en la sociedad española. De hecho, cerca de 900.0000 conductores en la Comunidad Valenciana siguen justificando estas prácticas de estafa al seguro en Valencia. El fraude al seguro del coche se ha multiplicado por 3,5, según señala el tercer Barómetro del Fraude en el Seguro de Autos de Línea Directa. De cada 100 siniestros declarados al seguro en España 6 son intentos de estafa al seguro.

    En la Comunidad Valenciana, Alicante registra el mismo índice de fraude que la media nacional (6%). Por debajo de esta cifra se sitúan Valencia (5%) y Castellón (5,4%). La cuantía media de cada intento de estafa en España ronda los 1.284 euros, un 45% más que en 2013. En la Comunidad Valenciana, las cuantías son de 2.767 de Castellón, 1.550 en Alicante y 870 en Valencia.

    En cuanto al perfil del defraudador, al del hombre joven menor de 26 años con un empleo precario o desempleado, se le suma el del hombre de mediana edad, con estudios superiores y que trabajan por cuenta ajena. Por género, los hombres defraudan más que las mujeres (63,5% frente al 51,7%); y las mujeres fingen más lesiones que los hombres (2,6% en los hombres frente al 19,2% de las mujeres). En cuanto a las razones para defraudar al seguro, los hombres lo hacen para «tener el coche en perfecto estado» y las mujeres lo justifican por su «tendencia a cuidar de la economía familiar».

     

    Estafa al seguro en Valencia

     

    Las conclusiones del barómetro muestran algunos síntomas de mejora. La intención de cometer el fraude se reduce a casi la mitad respecto a hace dos años, lo que podría ser un indicio de cierto retroceso de estas conductas. Aun así, 5,2 millones de automovilistas siguen reconociendo que podrían cometer fraude si supieran que no van a ser descubiertos y 9 millones lo justifican (35%). Asimismo, existe un mayor conocimiento de las consecuencias legales que conllevan estas prácticas, que los encuestados comienzan a asociar a una situación puntual de necesidad y no a un tema cultural.

    Por último, la encuesta arroja una conclusión interesante: el 70% de los conductores de la Comunidad Valenciana (1,9 millones de automovilistas), un porcentaje muy parecido a la media nacional del 73%, afirma que no tendría ningún problema en denunciar a alguien si obtuviera un beneficio económico directo a cambio, una práctica muy habitual en países como EEUU o Reino Unido.

    En Abaco detectives ofrecemos a las compañias la posibilidad de contratar nuestros servicios, también online. Puedes visitar nuestra página específica.

  • Colegio detectives Valencia: Cap.2 p.3

    Colegio detectives Valencia: Cap.2 p.3

    Colegio detectives Valencia: «la certificación clave»

    Colegio detectives Valencia: La mañana siguiente desperté con una extraña ligereza que achaqué a dos circunstancias. La primera era el hecho de que había aceptado la posibilidad de que Pizcueta no contara conmigo para la investigación, y la segunda, y más cierta, la historia que había escuchado de labios de Antonio la tarde anterior. Era del tipo de historias que te hacen recuperar algo de la fe perdida en el ser humano a base de asomarse a los secretos de tantos de ellos.

    Con legañas aún en los ojos, encendí el ordenador y le dí tiempo mientras me aseaba y desayunaba algo. Carla estaba de ocupa en la habitación auxiliar y se desperezaba cuando recorrí el pasillo con mi segundo café en la mano. Googleé a la novia perdida con los escasos datos que Antonio me había confiado sin ningún éxito, cosa que, por otro lado, esperaba. Me quedé ante la pantalla con la mirada perdida y decidí imprimir todos los informes para encuadernarlos y ponerles el certificado del Colegio de detectives privados Valencia. Pensé en la costumbre de los abogados de avisarme con el tiempo justo para que prepare las ratificaciones de los juicios y decidí adelantarme a los acontecimientos e hice las gestiones en el Colegio detectives Valencia.

    Sonó el teléfono y me sobresaltó por lo temprano de la hora, eran las ocho y media. Era mi amiga Fabienne, una francesa con un acento que no deja lugar a dudas de su procedencia y un humor negro y contagioso. Estaba por el centro y me invitaba a tomar algo para charlar un rato. Una visita profesional postergada le había dejado un par de horas libres. Como mis informes se encontraban al día y la búsqueda de la novia emigrada no daba más de sí, de momento, acepté la invitación y dejé a Carla para que terminase de despertar y se pusiera en marcha.

    Fabienne me esperaba en el mercado de Colón, en uno de los locales. Ya había pedido y despachaba una ensaimada y un cappuccino. Sonreí al verla con azúcar glas en la punta de la nariz. En el momento en que la iba a saludar, en mi mente se ligaron dos ideas. Fabienne es periodista de “Le Petit Journal” y mi novia emigrada se encontraba presuntamente en Francia, así que sin darle tiempo a que comenzase a hablar, le expuse el tema y tomó nota del nombre del que yo disponía. Fabienne había insistido en que probase una de aquellas ensaimadas y es difícil llevarle la contraria, de manera que hora y media después caminaba hacia Correos con dos desayunos en la tripa y sin demasiadas ganas de correr.

    De regreso al despacho me detuvo el móvil con una llamada de Antonio, que aportaba un dato rescatado de su memoria, Julia quería ser maestra, se lo agradecí, tomé nota mental y le envié un mensaje a Fabienne para que sumase aquel dato  al escueto listado.

    A última hora de la tarde se puso en contacto conmigo el desterrado de mis planes Pizcueta. Me informaba de la cita que había concertado en su despacho para media mañana del día siguiente. El día había pasado de forma agradable, certificar la documentación en el  Colegio detectives Valencia era clave para continuar, aunque poco fructífero con relación a la búsqueda de Julia. Una gestión de última hora me iba a hacer salir tarde para regresar más tarde aún. Una junta de vecinos conflictivos exigía una grabación con cámara oculta, ante la posibilidad de agresión a la administradora y al presidente de escalera. Este era el tipo de temas que hacen que pierda la fe en el ser humano. La junta terminaba a las doce de la noche, no sin la intervención de varios vecinos que se interpusieron entre el conflictivo y mis clientes. Teresa, la administradora me invitó a un vino que acepté gustosa para relajar la tensión de tan larga y abrupta junta de vecinos. Me despedí y tomé un taxi hacia casa con la intención necesaria de preparar una batería de preguntas que Maluenda debería responder al día siguiente.

  • Detective profesional en España

    Detective profesional en España

    Detective profesional en España

    Detective profesional: la formación requerida para el detective profesional privado consistirá en la obtención de:

    • Un título universitario de grado, en el ámbito de la investigación privada, que acredite la adquisición de las competencias que se determinen, o bien
    • Del título del curso de investigación privada, reconocido por el Ministerio del Interior.

    Además:

    1. Carecer de antecedentes penales por delitos dolosos.
    2. No haber sido sancionado en los dos o cuatro años anteriores por infracción grave o muy grave, respectivamente, en materia de seguridad privada.
    3. No haber sido separado del servicio en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad o en las Fuerzas Armadas españolas o del país de su nacionalidad o procedencia en los dos años anteriores.
    4. No haber sido condenado por intromisión ilegítima en el ámbito de protección del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar o a la propia imagen, vulneración del secreto de las comunicaciones o de otros derechos fundamentales en los cinco años anteriores a la solicitud.
    5. Superar, en su caso, las pruebas de comprobación establecidas reglamentariamente por el Ministerio del Interior, que acrediten los conocimientos y la capacidad necesarios para el ejercicio de sus funciones.

    En el ejercicio de sus funciones, el detective profesional privado vendrá obligado a:

    1. Confeccionar los informes de investigación relativos a los asuntos que tuvieren encargados.
    2. Asegurar la necesaria colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando sus actuaciones como detective profesional privado se encuentren relacionadas con hechos delictivos o que puedan afectar a la seguridad ciudadana.
    3. Ratificar el contenido de sus informes de investigación privada ante las autoridades judiciales o policiales cuando fueren requeridos para ello.

    ABACO DETECTIVES PRIVADOS  está integrada por Detectives Privados, Licenciados en Criminología y expertos en Seguridad. Cada detective profesional privado es Titulado Universitaris en Investigación Privada y con la necesaria habilitación de la Dirección General de la Policía (Ministerio del interior), única licencia que habilita para el ejercicio profesional del detective.

    Fruto de nuestro trabajo hemos sido condecorados con 2 Menciones Honoríficas por la dirección General de la Policía.

    EXIJA SIEMPRE LA TIP, DOCUMENTO QUE IDENTIFICA A LOS DETECTIVES PRIVADOS, Y DESCONFÍE DE AQUELLOS QUE SE HACEN PASAR POR DETECTIVES, SU INFORME NO ES VALIDO ANTE NINGÚN TRIBUNAL ADEMAS DE NO TENER NI LA FORMACIÓN NI EL AMPARO DE LA LEY DE SEGURIDAD PRIVADA.

     

     

     

     

  • Busco detective privado Cap.2, p.2

    Busco detective privado Cap.2, p.2

    Busco detective privado con confidencialidad

    Busco detective privado: Leonardo Maluenda, el patriarca de la familia había encargado a Pizcueta que investigase la posible filtración de información desde sus centros de investigación. Aquello les había costado la pérdida de dos posibles patentes en las que se les habían adelantado otros laboratorios. Unas pruebas con unos antibióticos de nueva factura, que les habían supuesto unos costes considerables, habían quedado en meras pruebas cuando unos laboratorios de la competencia habían sacado al mercado, quince días antes, un producto extrañamente similar al que ellos pretendían patentar.

    Maluenda sospechaba de su yerno, un tal Jacinto Vega. Había pasado a formar parte de la familia apenas tres años antes, fecha desde la cual los laboratorios habían tomado un rumbo distinto, ni bueno, ni malo, me dijo Pizcueta cuando le pregunté, simplemente distinto. Supuse que Maluenda había dado instrucciones a su abogado acerca de lo que debía y lo que no debía decir cuando me expusiera los hechos.

    El señor Vega, como me lo presentó Pizcueta era abogado y trabajaba para la casa tramitando las patentes.

    De todos modos, como informé al modelo jurídico de pasarela, necesitaría hablar directamente con el cliente. Dada la naturaleza de la investigación iba a necesitar detalles que el señor Maluenda conocería con mayor precisión que su abogado.  Pizcueta hizo un mohín de fastidio que desapareció ante mi sonrisa de circunstancia, y me informó de que Maluenda no estaría disponible hasta dos días después por un viaje de negocios en el que se encontraba. Quedé con Pizcueta en que me llamaría cuando su cliente pudiera y que volveríamos a vernos.

    Al salir del edificio tenía la fría sensación de que el abogado llamaría a otro compañero,busco detective privado, al que le bastase con los datos y directrices que él le diera y caminé hasta una cafetería ante la necesidad de picar algo. Mi estómago rugía como un león hambriento y mi nevera no tenía capacidad para aplacar los rugidos. Un pincho de tortilla después me dirigía a acometer la montaña de trabajo que me esperaba en mi mesa cuando me topé de bruces con Carla que salía del despacho a comprar algo para llenar la nevera, lo que me complació enormemente. Antes de salir zumbando hacia el “super”, me informó de que había llamado un señor que quería contratar nuestros servicios para localizar a una persona y que se pasaría a primera hora de la tarde, busco detective privado . Aquello me dejó clavada en la acera mirando el reloj y lamentándome porque aquello significaba que aquella tarde tampoco iba a ser toda para dedicarla a quitarme trabajo de encima.

    Cuando sonó el timbre y Carla atendió el videoportero, yo acababa el informé que había empezado hora y media antes con la certeza de que no lo terminaría, lo cual me satisfizo y colaboró a mejorar el humor para recibir al cliente.

    Se trataba de un señor mayor que rondaría los setenta años. Tenía una mirada clara y amable que contagiaba benevolencia. Busco detective privado comentó, y lo invité a pasar y le ofrecí el café que necesitaba yo. Carla acercó dos cafés y un tazón de té para ella. La mirada del cliente me indicó que necesitaba cierta intimidad y lo hice pasar a la sala de juntas cerrando la puerta tras de mí. Comenzó su narración, era una historia bonita llena de recuerdos agradables, con dosis de verdadero amor y una mirada nostálgica perdida en el tiempo. Pretendía localizar a su antiguo amor de juventud y ese tipo de encargos resultan muy empáticos. El hecho de ayudar a alguien a recuperar la ilusión del amor cincuenta años después puede compensar de los malos tragos de ciertas investigaciones. Sin embargo el pragmatismo y la desconfianza impregnadas en la piel me hicieron dudar y le pedí amablemente que me contase la historia con todos los detalles que recordase para comprobar, a mi buen entender, la legitimidad del encargo y las buenas intenciones del cliente.

    Retomó la historia desde el principio y me la contó con la mirada recorriéndola como si la viese en aquel momento. Él se llamaba Antonio y ella Julia, más de cincuenta años separaban la historia del presente. Ambos veraneaban en un pueblo de Teruel, del que eran oriundos sus padres. Los de él se habían desplazado a Valencia, donde habían ido a vivir con unos primos en busca de un futuro mejor. Los de ella habían tenido que emigrar a Francia para dedicarse a la vendimia y donde habían comenzado a echar raíces. Con los años habían dejado de viajar al pueblo de Teruel y un buen día dejaron de ir. Antonio había mantenido correspondencia con Julia durante algunos años, por lo que disponía de una dirección que con el paso de los años había quedado obsoleta y, de donde no había vuelto a recibir noticias de Julia. Los únicos datos que Antonio me pudo dar en ese momento eran el nombre y primer apellido de Julia, una dirección, que de poco me iba a servir y la dudosa certeza de que Julia había permanecido en Francia durante el resto de su vida. Por otro lado cabía la posibilidad de que ella hubiese fallecido, lo cual daría al traste con cualquier ejercicio de búsqueda. Informé a Antonio de aquella y otras posibilidades, quizá menos amables, y le pregunté el motivo de quererla localizar justo ahora. Lo hice esperando una respuesta que suelo escuchar en situaciones similares, pero me dijo que había enviudado cinco años antes y que hacía dos había encontrado las tres últimas cartas que había enviado a Julia y que le habían sido devueltas. Aquello había despertado algo en su interior que le había llenado de ilusión y que no quería perder la oportunidad de saber algo de Julia sin intentarlo. Su respuesta me conmovió y lo despedí con una agradable sensación agridulce y la necesidad de intentar ayudarle.Busco detective privado.

    El resto de la tarde y gran parte de la noche las dediqué a ir quitándome de encima informes pendientes, Carla me ayudaba con la edición de videos y localización de fotogramas que íbamos ubicando conjuntamente según los informes dictaban.

     

  • Contratar detective online.

    Contratar detective online.

    Contratar detective, únicos en Europa: contratación online.

    Contratar detective, desde casa, el trabajo, o cualquier lugar ya es posible. Abaco detectives privados somos la única agencia de detectives que permite esta modalidad en Europa. Por supuesto, contratar detective online cuenta con todas las garantías jurídicas y económicas, exactamente las mismas que si nos contratara en nuestras oficinas presencialmente.

    ¿Que en su localidad no hay agencia de detectives?, ¿o simplemente  quiere ahorrar tiempo en desplazamientos y en contactos personales?, pues sólo tiene que entrar en nuestra web, obtener usted mismo un presupuesto aproximado del servicio que solicite, y si le interesa lo cerramos, lo paga y recibe en su área privada y segura el informe profesional (texto, imágenes, vídeo…)  y con todas las garantías.

    Contratar detective desde cualquier lugar de España y en cualquier momento, nunca fue tan fácil y cómodo. Abaco detectives ha hecho este esfuerzo técnico para adaptarse a las diferentes necesidades de personas y empresas que conforman nuestra clientela, sin dejar de lado la atención personal y directa en nuestras oficinas para todo aquel que lo prefiera.

    Los pasos para contratar detective con toda comodidad son:

    • Registrarse con los mínimos datos.
    • Calcule usted mismo, guiado por un formulario automático, su presupuesto aproximado.
    • Solicite el servicio de investigación que necesite.
    • Complete sus datos personales y los datos para la investigación.
    • Cerraremos el contrato que podrá descargarse.
    • Realizará el pago mediante plataforma segura.
    • Recibirá informe profesional en su área privada.

    El informe en pdf contendrá textos e imágenes fotográficas, también puede contener archivos de vídeo. Todo ello podrá descargarlo, guardarlo y visualizarlo, y hacer el uso, que usted estime, personal o jurídico (con toda la validez legal) .

    Por supuesto, durante todo el proceso contará con nuestro apoyo y contacto telefónico (además del correo electrónico) para cualquier cuestión que se suscite.

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  • Detectives abogados, Cap. 2, p. 1:

    Detectives abogados, Cap. 2, p. 1:

    Detectives Abogados esa relación imprescibible.

    Detectives abogados: De regreso al despacho, Pablo, un abogado penalista y también de civil, cuyo despacho está justo encima del mío, se interpuso en mi camino amenazándome con no hablarme más si volvía a rechazarle otra invitación a un café. No era más cafeína lo que necesitaba, pero acepté la invitación y ambos desviamos nuestros trayectos en pos de una cafetería tranquila y cálida para charlar. Mis motivos me conducían, como los suyos a él. Llevaba tirándome los tejos desde hacía dos años y yo había pecado de no ser lo suficientemente clara. Quizá tampoco lo intenté. detectives abogados con sus cautelas propias.

    Mi objetivo, en cambio, era sacarle información acerca del abogado que me había dejado aquel taxativo mensaje en el contestador, Álvaro Pizcueta.

    Pablo comenzó sin tregua a jugar con su corbata, un gesto que delataba su coqueteo, mientras trataba de informarse acerca de mis planes para el fin de semana. Yo no quise enfriar demasiado el ambiente recordándole que estaba casado, así que finté y le pregunté sin preámbulos por el tal Pizcueta.

    Creí haberle dicho algo ofensivo por su reacción. Le costó desembuchar, pero enseguida comenzó una síntesis de las andanzas del pollo. Me sorprendió el relato. Se trataba de un auténtico tiburón que pasó de tener un pequeño despacho en las afueras a dirigir uno de los bufetes más caros y sofisticados de la ciudad. La procedencia de sus ingresos no dejaba lugar a dudas, trabajaba casi en exclusiva para el grupo KNESIS, un holding farmacéutico con intereses en todo tipo de ramas del sector de la salud. Pablo lo conocía desde que tuvo que lidiar con él en un proceso penal, representando a un particular que acusaba a la farmacéutica de negligencia en los controles de calidad. Me decía que se lo comieron con patatas sin siquiera opción al pataleo. Quedaba claro que cuando se muerde a uno de los grandes hay que tener los dientes afilados y ese no era el caso, ni siquiera con muertes de por medio. Detectives abogados una relación imprescindible que comenzaba a gestarse.

    Terminé mi café extra y alegué el exceso de trabajo que me esperaba en el despacho para largarme sin responder, de palabra, a su invitación de fin de semana romántico. Ni era mi tipo ni era el momento. Mi concepto de los abogados suele oscilar tanto como el rango de personas con las que trato, sin embargo debo reconocer que no me parece un colectivo demasiado sano. En eso no se distinguen mucho del resto de colectivos que estamos expuestos a las virtudes del sistema y a la verdadera naturaleza humana. Quizá se trata más de desesperanza y pérdida de fe, que de colectivos profesionales como detectives abogados.

    Alvaro Pizcueta y Albarde resultó encantador cuando le devolví la llamada. Me citó, previa consulta de la agenda, en su despacho de Cirilo Amorós. El edificio situado junto a una iglesia cargada de símbolos masones, es una construcción de principios del siglo pasado, en el que todo resalta por lo recargado y vistoso. Formas, materiales y tamaños resultan exacerbados nada más visualizar su fachada. En el portal cerrado, un conserje vestido de capitán general me escrutó con la mirada mientras preguntaba a donde me dirigía. Debo reconocer que el uniforme dio cierto peso a sus palabras, aportándoles autoridad. Cuando le recité nombre y apellidos de “don Alvaro”, como lo llamó el conserje, una sonrisa con aura de hipocresía, iluminó su cara y me indicó el camino con una reverencia solo apuntada por una leve inclinación del cuello.

    Tras llamar al timbre, me recibió una chica que me condujo hasta la sala de espera. Pude escuchar a alguien voceando excitado y con cierta agresividad. A pesar de mi fino oído no conseguí entender sus palabras. La modelo de alta costura que hacía de recepcionista, me condujo a los pocos minutos hasta el despacho de don Alvaro. Al verlo me cuestioné seriamente el hecho de que realizaran casting para formar parte de la plantilla de aquel despacho. El espécimen en cuestión era guapísimo. De repente me imaginé como la protagonista de Erika Leonard James en el momento en que conoce a Grey. El adonis se presentó amable y me invito a tomar asiento. Lo hice junto a una gigantesca mesa de reuniones que gobernaba un despacho moderno y espacioso, lleno de lujos. Resultaba obvio que las cosas no le iban nada mal. Su aspecto denotaba cierto cansancio, quizá un día duro. El pelo alborotado y un nudo de corbata un tanto suelto, así parecían confirmarlo. Tras los comentarios de rigor, me explicó el motivo de contactar con Ábaco Detectives. Conocía nuestra forma de trabajar a través de un caso común, e hinchó mi ego hablando de nuestra forma de enfocar las investigaciones, la objetividad de la que hacíamos gala, incluso recordaba la ratificación del informe ante el juez, que calificó de muy diligente. Después congeló mi gesto al afirmar que nuestro informe, que le había deslumbrado de tal forma, le había hecho perder aquel juicio. Para desgracia de ambos, en aquella ocasión no había sido nuestro cliente. No quiso darme más detalles acerca del asunto y decidí  no indagar, tenía mis propios medios para informarme, después de todo yo era la detective. No dejó de sorprenderme la forma en que mi mirada se posó en su cara, su cuerpo, su… no suelo ser tan descarada y menos con un cliente. Fue entonces cuando mi Grey particular entró en materia sobre lo que necesitaba en esa ocasión.

     

  • Capítulo I. Bloque 10: DETECTIVE PRIVADO AMPLIANDO HORIZONTES Ábaco detectives Valencia.

    Capítulo I. Bloque 10: DETECTIVE PRIVADO AMPLIANDO HORIZONTES Ábaco detectives Valencia.

    Algo más de media hora les llevó la visita, de la que salió el coloso, a gatas de nuevo, y el dandi con una mochila de cuero bastante abultada. Pretendí seguirlos, pero un coche desvencijado los recogió y yo no tenía ni vehículo ni taxi a quien meter en una persecución. Me consolé pensando que aún debían confirmarme si la identidad del investigado era la correcta. Caminé hacia aquel bajo con discreción por si escuchaba o veía algo. No sucedió ni lo uno, ni lo otro y después de un par de garbeos para fisgar, continué mi visita de detective privado ni turística ni guiada.

    Completé una más que fructífera visita por la ciudad. Desde las antaño heréticas callejuelas del Zoco Chico hasta las vanguardistas terrazas llenas de cafés, donde se reúnen nacionalidades muy variadas. Recorrí la ciudad hasta que el sol marcó la hora de regresar al hotel, o dicho de otro modo, hasta que una comitiva de coches negros como zapatos de charol estuvo a punto de atropellarme en su camino hacia el antiguo palacio de Mendoub. Se trata de una construcción de 1929 situado al norte de la ciudad, que sirve en la actualidad como edificio de acogida a destacados huéspedes extranjeros. Quizá la comitiva trasladaba a algún destacado emisario internacional y poco les importaba la integridad de una detective valenciana.

    Con el tiempo justo de llegar al hotel, darme una ducha y vestirme, al bajar a recepción con la intención de tomar el aire, me encontré con Cecilia que ya me esperaba para conducirme por las calles de Tánger en busca de algún lugar donde cenar.

    Tuve suerte porque el recorrido fue diferente al que yo había hecho durante la tarde. Me condujo por el centro de la medina hasta el Zoco Grande. Allí nos detuvimos en un pequeño bar donde, al parecer, conocían a Cecilia. El local se llamaba Al-Khasar y nos sirvió sus especialidades: carne picada especiada y verduras con un delicioso y crujiente rebozado. El hecho de que conocieran a Cecilia, ayudó a romper el mito de que en Marruecos no se bebe alcohol, ya que nos sirvieron un engañoso vino cuya etiqueta me sorprendió con sus letras árabes. Cecilia me contaba alguna historia acerca de algo denominado “majoun”, una especie de droga marroquí, con denominación de origen. Sin embargo, yo no estaba demasiado atenta a su conversación porque vi aparecer a aquel grandullón que había visto por la tarde acompañando al tal Jamil Balais. Estaba apoyado en la marquesina de la puerta del bar, parecía esperar a alguien. Yo desde luego deseaba que así fuese y que no se encontrase siguiendo mis pasos. Eso hubiera significado que yo había metido la pata sin saber en qué.

    Me tranquilicé cuando apareció un tipo de similar complexión haciéndolo entrar en el local. Intenté encogerme para que no pudiesen verme y me lo facilitó el hecho de que ocupasen una de las mesas próximas a la puerta. Traté de prestar atención a lo que hacían, sin resultar impertinente a mi anfitriona. Resultaba difícil y por un momento me sentí mal al haberle ocultado mi profesión, pero decirle que dirigía una agencia de detectives en Valencia, no hubiese mejorado el momento. Culminamos la cena con un té de jazmín, clavo y jengibre, que además de ser una delicia, permitió esperar a que aquellos grandullones saliesen del bar antes que nosotras.

    Mi cicerone particular decidió llevarme dando un paseo a uno de los lugares donde la noche tangerina ofrece un espectáculo grandioso. El Café Hafe es un local de nueva factura, al menos más moderno que los locales visitados hasta entonces. Situado en lo alto de los acantilados junto a la plaza de Faro, ofrece las mejores vistas de la medina, el puerto y la bahía.

    No sabía qué decir y se me ocurrió preguntarle por algún Hamman para mujeres. Se rió y me miró extrañada. Comprendí enseguida mi ignorancia sobre la cultura islámica. Paseamos de nuevo hacia el centro y encontramos la calle Liberté, una de las arterias comerciales de la ciudad moderna. Cecilia continuó siendo la guía perfecta y me enseño el café de Paris y el Hotel Minzah donde, me dijo, habían sido habituales personalidades del arte y la literatura de finales del XIX y principios del XX. “Una época dorada para el teatro Cervantes”, declaró con melancolía.

  • Capítulo I. Bloque 9: DETECTIVE PRIVADO VALENCIANO PROFUNDIZANDO EN EL ZOCO Ábaco detectives Valencia.

    Capítulo I. Bloque 9: DETECTIVE PRIVADO VALENCIANO PROFUNDIZANDO EN EL ZOCO Ábaco detectives Valencia.

    Un tipo de edad avanzada se quedó observándome mientras yo miraba la puerta de aquel reducto de masculinidad. La sensatez me decía que no debía entrar, pero mi instinto de detective privado la tumbó empujándome dentro. Poco tardó un desgarbado recepcionista, en increparme algo en su lengua que yo ignoré. Procuré recuperar los resquicios del pobre francés que las monjas intentaron inculcarme, y pretendí hablar con el gerente. El recepcionista debió entenderlo porque se cayó y se adentró tras una cortina que en algún momento debió ser color salmón o algo parecido. Al momento salió por la misma cortina un tipo de porte nobiliario, con una perilla perfectamente recortada y una mirada verde hipnotizante. Cuando recuperé la conciencia le pregunté por el señor Balais. Aunque sus palabras decían no conocerlo, me pareció que su mirada lo traicionaba. Sin más explicaciones y mediando disculpas, me largué con la satisfacción de que el nombre, fuera falso o no, era conocido.

     

    Lo complicado de encontrarse fuera del hábitat conocido, es la falta de recursos, o mejor dicho, el desconocimiento de los mismos. En una oficina de tráfico, quizá, pudiese confirmar la propiedad del vehículo que había aparcado a la puerta del “hamman”, y que había salido con prisa a los dos minutos de irme yo.

     

    Mientras el gerente del local distraía mi atención con sus facciones y su mirada, había conseguido unas cuantas imágenes con la pequeña cámara que siempre llevo conmigo. Debía enviarlas al cliente para que lo pudiera identificar, antes de continuar. Eso hice cuando conseguí llegar al hotel, después de otra larga hora como un ratón en un laberinto.

     

    Mientras esperaba la respuesta del cliente, decidí dar un paseo por la ciudad que tanta leyenda había acumulado, siendo un auténtico hervidero de espías durante las décadas de los 40 y los 50.

     

    La hora de la comida me atropelló sin aviso ni apetencia y entré a un pequeño bar para tomar un típico té, en un tópico gesto turista. Mi acento al pedir el té en francés, debió delatar mi origen a la mujer sentada a la mesa junto a la ventana. Tras comprobar mi origen hispano, me invitó a su mesa y se presentó como Cecilia. Yo mentí acerca de la naturaleza de mi ocupación, ella me confesó la suya. Era la directora del Instituto Cervantes en Tánger.

     

    Yo no tenía demasiadas verdades que contarle y tampoco era cuestión de presentarme como detective privado de Valencia así que la escuché a ella. Se encargaba también de mantener activo el teatro Cervantes a base de actividades, pero el teatro estaba a punto de caerse por falta de fondos para restaurarlo. Me contó la historia del acaudalado matrimonio español que le encargó construirlo en 1911 al arquitecto Diego Jiménez. Había sido el teatro más grande de África, lo que no me pareció un mérito tremendo, aunque debo reconocer que mi conocimiento de los teatros africanos es bastante limitado. Al parecer, después de asumir unas pérdidas excesivas, el matrimonio lo había cedido al Estado español. Como si eso fuera una garantía de salvación, pensé.

     

    Cecilia me pareció una persona inteligente y me iba a ser muy útil conocer a alguien en una ciudad de la que no conocía el idioma. Acepte su invitación y la imité con una cena al lugar a que ella me llevase.

     

    Continué mi paseo convirtiéndola en una visita ni turística ni guiada, que me llevó al centro y de nuevo al “hamman” de aquel fulano. El coche, un mercedes modelo torero de color blanco estaba aparcado de nuevo. Esta vez en un callejón perpendicular a la calle, como si quisiera ocultarse. El morenazo de ojos verdes y perilla modelo Omar Sharif, salía en ese momento del local, a pie y acompañado de un corpulento bañista oculto bajo una enorme chilaba, que intentaba seguir su paso, sin conseguirlo. Yo seguí los pasos de ambos, y me llevaron a un bajo comercial con poca vida interior. La persiana estaba tan oxidada como el candado que la cerraba. Tras dos intentos, el tercero abrió el candado y otro más la persiana que chirrió y se negó a subir más del escaso metro. El dandi tangerino entró con facilidad y el de la chilaba lo intentó pero golpeó la persiana y hubo de agacharse y pasar a gatas con cierta dificultad. Gajes del oficio de detective.

     

  • Capítulo I. Bloque 8: DETECTIVE PRIVADO VALENCIANO CALLEJEANDO EL ZOCO Ábaco detectives Valencia.

    Capítulo I. Bloque 8: DETECTIVE PRIVADO VALENCIANO CALLEJEANDO EL ZOCO Ábaco detectives Valencia.

    Cada ciudad tiene su propia luz al amanecer y Tánger sorprendía por su claridad. El aeropuerto internacional Ibn Battuta me recibió con el calor profundo y penetrante de Marruecos. La imagen cinematográfica de “Casablanca” con el comisario y Bogart iniciando una amistad en la solitaria pista, acudió a mi mente de detective privado en Valencia. Yo estaba más sola que Bogart en aquella situación, y a buen seguro, con menos recursos. En lugar de alquilar un coche en la terminal del aeropuerto, decidí pactar precio con un taxista local, para que trasportase mi equipaje y a mí, los quince kilómetros al noreste que separaban el aeropuerto de la urbe.

    No había visitado la ciudad en mi vida, y me sorprendió el tamaño de los barrios periféricos. La infraestructura no había crecido al mismo ritmo que la población y la derrota era más que evidente. Al llegar a la ciudad, pregunté al taxista por un hotel de media categoría. No quise arriesgarme a habitaciones compartidas por otras especies, elegí el Hotel Continental. No llegaba a tres estrellas pero parecía “correcto” según opiniones vertidas en uno de los foros consultados.

    Se encontraba en el centro de la antigua medina, en el 36 de la calle Dar El Baroud, al norte de la ciudad. La chica de recepción, de nombre francés, a juego de la mayoría de calles y avenidas, me recomendó una habitación que diese a la parte delantera. Por suerte seguí su consejo, ya que detrás había una mezquita y a las cuatro de la mañana comenzaban los rezos. El edificio era una mezcla entre museo y palacio de las mil y una noches. La pequeña terraza de la habitación me ofrecía una estupenda vista del estrecho que se vio interrumpida por la llamada de Elena.

    Elena Miñón era una abogada laboralista para la que trabajaba de vez en cuando como detective privado en Valencia. Ésta vez me recordaba que en una semana teníamos el juicio de un tema cerrado hacía más de un año. La velocidad de la justicia debe ser la antítesis de la de la luz. Se empeñaba en reunirse conmigo esa misma tarde. Manda huevos, pensé y la invité a quedar para hablar, pero Tánger le pareció lejos y la despaché con amabilidad forzada. Después de todo, no era culpa suya. Con el móvil apagado y el expediente como lectura de cabecera, eché una cabezada para recuperar algo de sueño. Veinte minutos después estaba repasando el contenido de la carpeta. Un nombre falso y la dirección de un “hamman” no eran mucho por lo que empezar, pero nobleza obliga. La chica de nombre parisino me ayudó a alquilar un pequeño Chevrolet impoluto con olor a nuevo y un callejero en francés y árabe.

    Las calles de la ciudad estaban preparadas para el tráfico porque había asfalto y líneas pintadas en él, pero el caos las hacía un infierno para la conducción. Después de media hora de recorrido, aparqué en un descampado que creí cercano a la dirección del “hamman”. Debí calcular mal, porque anduve más de media hora hasta encontrar el local.