{"id":4787,"date":"2015-12-29T20:21:43","date_gmt":"2015-12-29T18:21:43","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/api\/capitulo-i-bloque-9-detective-privado-valenciano-profundizando-en-el-zoco-abaco-detectives-valencia\/"},"modified":"2015-12-29T20:21:43","modified_gmt":"2015-12-29T18:21:43","slug":"capitulo-i-bloque-9-detective-privado-valenciano-profundizando-en-el-zoco-abaco-detectives-valencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/abaco-dp.com\/blog\/capitulo-i-bloque-9-detective-privado-valenciano-profundizando-en-el-zoco-abaco-detectives-valencia\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I. Bloque 9: DETECTIVE PRIVADO VALENCIANO PROFUNDIZANDO EN EL ZOCO \u00c1baco detectives Valencia."},"content":{"rendered":"<p>Un tipo de edad avanzada se qued\u00f3 observ\u00e1ndome mientras yo miraba la puerta de aquel reducto de masculinidad. La sensatez me dec\u00eda que no deb\u00eda entrar, pero mi instinto de detective privado la tumb\u00f3 empuj\u00e1ndome dentro. Poco tard\u00f3 un desgarbado recepcionista, en increparme algo en su lengua que yo ignor\u00e9. Procur\u00e9 recuperar los resquicios del pobre franc\u00e9s que las monjas intentaron inculcarme, y pretend\u00ed hablar con el gerente. El recepcionista debi\u00f3 entenderlo porque se cay\u00f3 y se adentr\u00f3 tras una cortina que en alg\u00fan momento debi\u00f3 ser color salm\u00f3n o algo parecido. Al momento sali\u00f3 por la misma cortina un tipo de porte nobiliario, con una perilla perfectamente recortada y una mirada verde hipnotizante. Cuando recuper\u00e9 la conciencia le pregunt\u00e9 por el se\u00f1or Balais. Aunque sus palabras dec\u00edan no conocerlo, me pareci\u00f3 que su mirada lo traicionaba. Sin m\u00e1s explicaciones y mediando disculpas, me largu\u00e9 con la satisfacci\u00f3n de que el nombre, fuera falso o no, era conocido.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo complicado de encontrarse fuera del h\u00e1bitat conocido, es la falta de recursos, o mejor dicho, el desconocimiento de los mismos. En una oficina de tr\u00e1fico, quiz\u00e1, pudiese confirmar la propiedad del veh\u00edculo que hab\u00eda aparcado a la puerta del \u201chamman\u201d, y que hab\u00eda salido con prisa a los dos minutos de irme yo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras el gerente del local distra\u00eda mi atenci\u00f3n con sus facciones y su mirada, hab\u00eda conseguido unas cuantas im\u00e1genes con la peque\u00f1a c\u00e1mara que siempre llevo conmigo. Deb\u00eda enviarlas al cliente para que lo pudiera identificar, antes de continuar. Eso hice cuando consegu\u00ed llegar al hotel, despu\u00e9s de otra larga hora como un rat\u00f3n en un laberinto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras esperaba la respuesta del cliente, decid\u00ed dar un paseo por la ciudad que tanta leyenda hab\u00eda acumulado, siendo un aut\u00e9ntico hervidero de esp\u00edas durante las d\u00e9cadas de los 40 y los 50.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La hora de la comida me atropell\u00f3 sin aviso ni apetencia y entr\u00e9 a un peque\u00f1o bar para tomar un t\u00edpico t\u00e9, en un t\u00f3pico gesto turista. Mi acento al pedir el t\u00e9 en franc\u00e9s, debi\u00f3 delatar mi origen a la mujer sentada a la mesa junto a la ventana. Tras comprobar mi origen hispano, me invit\u00f3 a su mesa y se present\u00f3 como Cecilia. Yo ment\u00ed acerca de la naturaleza de mi ocupaci\u00f3n, ella me confes\u00f3 la suya. Era la directora del Instituto Cervantes en T\u00e1nger.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Yo no ten\u00eda demasiadas verdades que contarle y tampoco era cuesti\u00f3n de presentarme como detective privado de Valencia as\u00ed que la escuch\u00e9 a ella. Se encargaba tambi\u00e9n de mantener activo el teatro Cervantes a base de actividades, pero el teatro estaba a punto de caerse por falta de fondos para restaurarlo. Me cont\u00f3 la historia del acaudalado matrimonio espa\u00f1ol que le encarg\u00f3 construirlo en 1911 al arquitecto Diego Jim\u00e9nez. Hab\u00eda sido el teatro m\u00e1s grande de \u00c1frica, lo que no me pareci\u00f3 un m\u00e9rito tremendo, aunque debo reconocer que mi conocimiento de los teatros africanos es bastante limitado. Al parecer, despu\u00e9s de asumir unas p\u00e9rdidas excesivas, el matrimonio lo hab\u00eda cedido al Estado espa\u00f1ol. Como si eso fuera una garant\u00eda de salvaci\u00f3n, pens\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cecilia me pareci\u00f3 una persona inteligente y me iba a ser muy \u00fatil conocer a alguien en una ciudad de la que no conoc\u00eda el idioma. Acepte su invitaci\u00f3n y la imit\u00e9 con una cena al lugar a que ella me llevase.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Continu\u00e9 mi paseo convirti\u00e9ndola en una visita ni tur\u00edstica ni guiada, que me llev\u00f3 al centro y de nuevo al \u201chamman\u201d de aquel fulano. El coche, un mercedes modelo torero de color blanco estaba aparcado de nuevo. Esta vez en un callej\u00f3n perpendicular a la calle, como si quisiera ocultarse. El morenazo de ojos verdes y perilla modelo Omar Sharif, sal\u00eda en ese momento del local, a pie y acompa\u00f1ado de un corpulento ba\u00f1ista oculto bajo una enorme chilaba, que intentaba seguir su paso, sin conseguirlo. Yo segu\u00ed los pasos de ambos, y me llevaron a un bajo comercial con poca vida interior. La persiana estaba tan oxidada como el candado que la cerraba. Tras dos intentos, el tercero abri\u00f3 el candado y otro m\u00e1s la persiana que chirri\u00f3 y se neg\u00f3 a subir m\u00e1s del escaso metro. El dandi tangerino entr\u00f3 con facilidad y el de la chilaba lo intent\u00f3 pero golpe\u00f3 la persiana y hubo de agacharse y pasar a gatas con cierta dificultad. Gajes del oficio de detective.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un tipo de edad avanzada se qued\u00f3 observ\u00e1ndome mientras yo miraba la puerta de aquel reducto de masculinidad. La sensatez me dec\u00eda que no deb\u00eda entrar, pero mi instinto de detective privado la tumb\u00f3 empuj\u00e1ndome dentro. Poco tard\u00f3 un desgarbado recepcionista, en increparme algo en su lengua que yo ignor\u00e9. 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